Al fortalecer sus lazos con el nuevo liderazgo que elija la Asamblea de Expertos en Teherán, China busca consolidar un bloque multipolar junto a Rusia que sirva de contrapeso al eje de la OTAN. La postura de China es un equilibrio delicado entre el apoyo retórico y el respaldo técnico. El canciller Wang Yi, en una comunicación directa con su par iraní Abas Araqchí, no solo condenó la muerte del Líder Supremo Alí Jamenei, sino que calificó las acciones de la administración Trump como una “violación inaceptable” de las normas internacionales. Pero, ¿qué es lo que realmente mueve a Xi Jinping a involucrarse de forma tan decidida en este avispero? Mientras las bombas de Estados Unidos e Israel sacuden las estructuras del régimen persa, China ha salido a jugar fuerte, asegurando que defenderá la soberanía de su socio estratégico “cueste lo que cueste”. El riesgo para Xi Jinping es alto, especialmente con la amenaza de nuevos aranceles del 25% firmados por Donald Trump para los socios comerciales de Irán, pero el costo de perder a su principal aliado en el Golfo parece ser, por ahora, mucho mayor. Aunque Mao Ning, portavoz de la cancillería, insiste en el “cese inmediato de las hostilidades”, la realidad es que Pekín está enviando un mensaje claro: no permitirá que Irán sea borrado del mapa. En medio de la polvareda que aún no asienta tras los ataques de la Operación Furia Épica, el gigante asiático ha dejado de lado la ambigüedad. Es, en palabras de algunos observadores de Special Eurasia, una oportunidad de oro para “medir la capacidad de sigilo y las tácticas navales” de la Marina de los Estados Unidos. El tablero de la Franja y la Ruta: Irán es un nodo crítico en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Para Pekín, permitir un cambio de régimen impulsado por Washington sería aceptar una derrota estratégica en su expansión hacia el oeste. Más allá de lo económico, el apoyo a Irán refuerza la narrativa de China como el “defensor de la soberanía” frente a lo que llaman la “ley de la selva” impuesta por las potencias occidentales. Una caída del régimen o un bloqueo total del Estrecho de Ormuz pondría en jaque la maquinaria industrial china. Informes recientes de inteligencia sugieren que Pekín está utilizando el conflicto como un banco de pruebas. Para Pekín, Irán no es solo un proveedor; es una garantía de seguridad energética que fluye por canales que esquivan el sistema financiero del dólar, utilizando el Renminbi y el sistema de pagos CIPS. Analistas internacionales coinciden en que no es solo una cuestión de “lealtad”, sino de una compleja red de intereses que mezclan la supervivencia energética con la geopolítica de alto nivel. El salvavidas energético: No es un secreto que China es el principal cliente del petróleo iraní, comprando aproximadamente el 80% de las exportaciones de Teherán. Las inversiones chinas proyectadas, que alcanzan los 400.000 millones de dólares en infraestructura y energía, dependen de la estabilidad del estado iraní. Al proveer a Irán con sistemas de defensa aérea, drones suicidas y tecnología de guerra cibernética, China obtiene datos invaluables en tiempo real sobre la efectividad del armamento estadounidense e israelí.
China refuerza su apoyo a Irán en respuesta a las acciones de EE. UU.
China refuerza lazos con el nuevo liderazgo de Irán, consolidando un bloque multipolar con Rusia. Pekín condena las acciones de la administración Trump y promete defender la soberanía de su socio estratégico 'cueste lo que cueste', a pesar de los altos riesgos y amenazas de guerra comercial.